Tierra santa
Una nación con nuevos rituales. La verdadera pobreza.
La hipocresía de una sociedad que consume lo que no produce, que se conforma con transformar las riquezas de su suelo en baratijas remanentes de países lejanos; la inconsistencia de quienes sostienen su nivel de consumo con deuda como proyecto y la estupidez de quien piensa que progresa porque trabaja el doble, sin contemplar que la remuneración por cada hora trabajada es, con suerte, la mitad; son las muestras de apoyo de una sociedad a su gobierno, que a la vez, la somete.
Los integrantes de una familia de clase media se miran durante las fiestas impávidos. Las carcajadas ligeras, los nuevos tics nerviosos y las media sonrisas permiten diferenciar, a ojo entrenado, entre quienes lograron sumarse a esta nueva fiesta y quienes están al borde de perderlo todo. El hombre que está solo y espera, scrollea en su iphone buscando en plataformas orientales una nueva afeitadora que le deje sedosa la barba. Fantasea imaginandose a si mismo tirando postas en un stream. Una madre acepta en menos de un click, la propuesta de préstamo de Mercado Pago antes de salir al almacén con la asignación universal por sus hijos como garantía implícita. La vida cotidiana se transforma.
El hecho de que el fútbol argentino, en uno de los mejores momentos de su historia, convoque cada vez más apostadores en línea y menos espectadores es el ejemplo más claro de cómo la sociedad argentina se transforma, modifica sus rituales y se organiza en torno a nuevos elementos simbólicos.
En esta nueva sociedad, prevalece la impostura mimética del deber ser, donde cada individuo publicita los consumos que (imagina) le dan cierto estatus; por sobre la conexión sincera y genuina. Las personas se distancian del arte y de las otras personas.
Lograr la prisión e inhabilitación de Cristina será recordada cómo la jugada más efectiva que el anti kirchnerismo pudo concretar. Cuanto menos aparece en la discusión pública, más se convierte en el centro de gravedad de la discusión política en este país. Las discusiones pasan a ser otras, donde el cinismo y la crueldad son condición necesaria para que algo del discurso haga sentido.
En ese sentido, resulta paradójico pensar cómo Massa pierde las elecciones en un escenario político que participó en delimitar. El campo popular queda ante todo, desorganizado.
Si en la primera década del siglo XXI la batalla fue económica y en la segunda cultural; la disputa social en la tercera década es, sin duda, moral. La única grieta relevante en este momento, en este país, es entre quienes celebran la guerra, la destrucción y la muerte y quienes se espantan.
Con un modelo económico agotado y el sistema productivo nacional siendo desmantelado; el único activo concreto que muestra el gobierno para sostenerse con vida políticamente es la capacidad de colocarse en el tablero internacional como punta de lanza ideológica de la ultraderecha genocida. Argentina como nación queda en una posición de debilidad estratégica, optando por el bando que la imagina más débil.
Ronda en mi cabeza una sola pregunta: ¿Cómo se combate el fascismo?
¿Cómo se le discute a una fuerza que al colapso de la vida de los hogares argentinos se le caga de risa?
La verdadera pobreza.
Hay que renunciar verdaderamente al sentido común para sostener que mientras el nivel de ventas en supermercado permanece derrumbado, se estanca (y comienza a descender) el acceso a cloacas de la población y el endeudamiento de los hogares llega a máximos históricos, en este país la pobreza baja.
El asunto es el siguiente. El indicador de pobreza del INDEC depende de dos variables: El precio de la Canasta Básica Alimentaria y la proporción del ingreso que los hogares destinan a alimentos.
El primer paso de la elaboración del índice consiste en asignarle un precio a cada ítem de la Canasta Básica y así valuarla. Este valor determina la línea de indigencia. Todos los hogares que no alcanzan un ingreso necesario para cubrir los alimentos básicos para todos sus integrantes son considerados indigentes.
Para pasar de la línea de indigencia a la de pobreza, lo que se hace es determinar qué proporción del ingreso destinan a alimentos los hogares que, se presume, están cerca de ese límite. Por complemento, se determina cuanto se destina a otros bienes. Con esa distribución se expande el valor de la Canasta Básica Alimentaria y se llega a la Canasta Básica Total.
En este momento, lo que sucede es que los hogares usan mayor proporción de sus ingresos en alimentos; resignan el consumo de otros bienes y por ende, la distancia entre la línea de indigencia y pobreza se achica.
El INDEC estimó que para noviembre de 2025, un adulto varón necesitó $406.902 para no ser pobre; con la estructura de gastos de hogar promedio del gobierno del frente de todos ese monto sería de $423.398. La diferencia puede parecer chica, pero en el conjunto del ingreso de un hogar se vuelve significativa.
No llegue para esta publicación a determinar el impacto en términos agregados de esta cuestión (prometo compartirles el resultado pronto). Lo cierto es que en un país donde el 72% de los trabajadores perciben ingresos inferiores a un millón de pesos, el hogar típico está compuesto por una mujer trabajadora, una persona jubilada y un menor de edad y la pirámide de ingresos se comprime y ensancha cada vez más; la diferencia puede ser de algunos millones de personas.
Es justo señalar, que este análisis evidencia como la pobreza de Milei está subestimada en relación con la de Alberto Fernandez; que a la vez está subestimada en relación con la de Macri.
Hogares en deuda.
Con la pérdida de más de 400.000 puestos de empleo formal y el ingreso real de los hogares en perpetua contracción, endeudarse para cubrir gastos corrientes se volvió moneda corriente en nuestra sociedad. En este último mes se encendieron todas las alarmas, no debido a este hecho concreto, si no al crecimiento de la morosidad. Llegamos al punto en el que el nivel de incumplimiento de pago de créditos llegó a ser significativo en el ejercicio de bancos y entidades financieras.
Así cómo la macroeconomía argentina mantiene su funcionamiento únicamente gracias a la entrada periódica de grandes montos de deuda; los hogares argentinos cubrieron sus consumos corrientes con dinero prestado.
El respaldo de Trump a Milei crea la ilusión de un posible endeudamiento perpetuo por parte del Estado argentino. El punto está en que eso no se traslada al endeudamiento de las familias. Da la sensación de que se están incubando problemas cuyo desenlace excede por mucho las posibilidades de resolución de manera pacífica.
El episodio de esta semana de la licitación del BONAR evidencia el desmanejo de la política financiera: ¿Qué sentido tiene endeudarse en moneda extranjera con acreedores locales? ¿Por qué no puede hacerse con moneda local? El tiempo de pagar siempre llega; en caso de que Milei siga en el poder el tesoro de EEUU cubrirá el vencimiento frente a los acreedores y el estado argentino quedará endeudado con la potencia extranjera. Las elites locales que tanto desdeñan el funcionamiento del Estado, lo empeñan en su propio beneficio.
Así, sobre la moneda argentina pesa una fuerte contradicción: mientras su valor relativo (determinado por el tipo de cambio y la geopolítica) se aprecia; su valor real (determinado por las reservas de su Banco Central y el complejo productivo que la sustenta) se desintegra. La convergencia de ambos valores va a ser muy dolorosa.
Por hoy me despido. ¡Los quiero!
Que tengan un lindo fin de semana.
Violencia es mentir.






Leer este blog hace que mis neuronas bailen al ritmo de la fiel danza del placer.